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17,50 €
*Para hacer filetes aconsejamos el Extra.
Fecha de disponibilidad:
| 800-1000 gramos | 17,50 € |
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El gallo es de esos pescados que resuelven una cena entre semana sin discusión en la mesa. Carne blanca, sabor suave y pocas espinas, que es justo lo que hace que entre bien hasta a los niños más reticentes. Lo trabajamos en unidades de entre 800 y 1.000 gramos, traídas por la flota gallega que faena en Gran Sol, y sale hacia tu casa entero y limpio o ya abierto, como prefieras. Eliges el formato en el desplegable y ya está. Lo tienes en el Pescado Online junto a lo demás que ha entrado hoy, y si quieres una compra más redonda arranca desde la Pescadería Online, que es donde está todo el género. El 986 439 677 lo coge una persona: llama si dudas con el calibre o con el formato. Viaja en frío controlado y el porte depende del importe que acumules.
La unidad estándar pesa entre 800 y 1.000 gramos, un buen tamaño para dos comensales o para dos platos individuales si la abres. Ese peso es el del ejemplar en bruto, antes de pasar por el cuchillo.
Tienes dos salidas. La primera es entero y limpio: llega eviscerado, con las escamas retiradas y listo para la sartén o para la bandeja sin más trabajo por tu parte. Es la opción de quien quiere ver el ejemplar completo en la fuente y aprovechar lo pegado a la espina, que es la parte más sabrosa. Llega con su silueta entera, con la aleta bordeando el contorno, que es como se reconoce un plano recién sacado de la caja.
La segunda salida es el corte abierto. Cada pez da cuatro piezas limpias, sin espina central, del grosor que permita la unidad. Para esta vía conviene subir de calibre: con los ejemplares de mayor porte el corte sale más grueso y no se deshace en la sartén, así que si vas a pedir filetes de gallo te aconsejamos el Extra. Llegan cortados y envasados sin conservantes ni aditivos, hechos el mismo día de la expedición. Ese fileteado lo hacemos nosotros en la sala, pieza a pieza.
Si dudas entre uno y otro, piensa en cómo vas a resolver la cena. Para fritura rápida y platos controlados, el corte abierto. Para asado o guiso, la pieza completa, que aguanta mejor el calor prolongado y retiene mejor el jugo.
El precio del gallo cambia de una semana a otra, así que la mantenemos viva en el desplegable de esta ficha en lugar de fijarla en el texto, donde envejecería en nada.
Hay tres cosas que lo mueven. La primera es el calibre: un pez de buen porte cotiza distinto que uno corto, porque rinde más carne aprovechable y porque escasea más. La segunda es lo que entra en la lonja cada mañana, y ahí manda la mar: basta una racha de temporales o unas descargas flojas para que la puja suba en cuestión de días. La tercera es el calendario, porque esta especie está disponible durante los doce meses pero abunda especialmente en marzo y abril, y esa abundancia se refleja en la cotización.
Al comparar, fíjate siempre en si el importe que ves corresponde a pieza entera en bruto o a producto ya limpio y abierto. No es lo mismo: el trabajo de manos y el envasado van dentro. Aquí arriba tienes la cotización de hoy referida al peso que de verdad se expide, y el total se calcula solo en el paso de caja.
La ficha de esta especie convence sin necesidad de adornos. Hablamos de una carne magra y densa, con muy poca grasa infiltrada, que aporta mucha proteína por plato sin cargarlo. Es rico en proteínas de alto valor biológico, con el perfil completo de aminoácidos que se le pide a una comida principal.
En micronutrientes tampoco se queda corto. Aporta vitamina del grupo b, con presencia destacable de b3, b6 y b12, esta última con su papel conocido en el sistema nervioso y en la formación de glóbulos rojos. Entre los minerales esenciales aparece el fósforo, que suele citarse el primero cuando se habla de este tipo de piezas.
Y aunque no es un azul, algo aporta de ácidos grasos insaturados, en cantidad discreta pero de buena calidad. Esa combinación de proteína alta, grasa baja y micronutrientes es la que explica que se recomiende en mesas de todas las edades: desde una dieta de control de peso hasta la de alguien que entrena, pasando por la comida de un niño que empieza con el pescado.
Lo que aporta esta pieza se nota justo donde más falta hace: en la comida de un día cualquiera. Proteína alta, grasa baja y una digestión ligera que no deja la sobremesa pesada, y un gallo de calibre medio se resuelve en diez minutos de fuego.
La carne es fina, se desprende limpia de la espina y admite tanto el plato rápido como la fuente de un domingo. Su sabor característico, ese punto propio que lo distingue de cualquier otro blanco, es la razón por la que tiene clientela fija desde hace años, y explica que muchos pedidos lo repitan semana tras semana.
Si estás montando una compra amplia, en la misma caja caben perfectamente otras piezas nuestras, el lenguado gallego, sin ir más lejos, que es de los que más salen,, porque todas viajan en idénticas condiciones de frío. El marisco de temporada redondea el pedido igual de bien: ahí entran tanto el crustáceo de concha dura, del tipo de la nécora o el buey, como el cefalópodo, con el pulpo y el calamar a la cabeza.
Este pez plano es agradecido y admite prácticamente cualquier camino. Lo primero que hay que mirar antes de encender el fuego es el formato que tienes delante.
La fritura es la elaboración clásica y la que más se repite. La pieza abierta pasa por harina o por pan rallado para un rebozado ligero, se fríe a fuego medio en aceite abundante y sale dorada por fuera y tierna dentro. Rematada con un refrito de ajo y un toque de cayena, sube varios puntos con treinta segundos de trabajo extra.
El horno es la vía para los ejemplares de más porte. Sobre una cama de patatas en rodajas finas, con cebolla, un chorro de aceite y vino blanco, y a temperatura moderada hasta que la carne se separe sola. El tubérculo absorbe lo que suelta y se convierte en la mitad del plato.
El tercer camino, el del papel, es el más limpio de todos. Envuelto con verdura en juliana, el vapor hace el trabajo y la carne queda entera sin añadir ni una gota de grasa. También admite guiso, sobre todo con las unidades grandes, donde la pieza aguanta el caldo sin deshacerse.
La clave del gallo está en no pasarse. Al ser de cuerpo aplanado y comprimido, con la carne repartida en una capa fina sobre la espina, este pez se hace mucho antes de lo que la gente calcula. Un minuto de más lo deja seco y le quita lo que tiene de bueno.
El punto lo notas cuando la carne pasa de transparente a blanca opaca y se despega de la espina al presionar con el tenedor. Ahí, fuera del fuego. Todo está en esa media vuelta de menos, no en la salsa que le pongas encima. Su forma ovalar y la boca ancha y oblicua que le da nombre popular se aprecian sobre todo cuando lo sirves sin abrir, que es como más luce en la fuente.
El viaje lo hace en caja aislante con placas de frío y reparto urgente en refrigerado para toda la península, con envío rápido y sin oscilaciones de temperatura por el camino. Nada más abrirla, al estante inferior del frigorífico, a la temperatura más baja que dé el aparato, y encima de un plato hondo. Cuando no vayas a comerlo en cuarenta y ocho horas, lo suyo es guardarlo envasado en el congelador y bajarlo al frigorífico el día antes.
Para cuadrar una fecha concreta de entrega, avísanos al tramitar el pedido o marca el 986 439 677 y organizamos la salida contigo.
Un gallo de 800 a 1.000 gramos da para dos servido sin abrir, aunque en ese peso van también cabeza y espina. Si la pides abierta, salen cuatro porciones limpias, que reparten mejor cuando hay niños o cuando el pescado es el segundo plato. Para una mesa de cuatro adultos con esta pieza de principal, lo habitual es llevar dos piezas. Si no lo tienes claro, márcanos y lo cuadramos contigo antes de pagar.
Depende del uso y del tiempo que tengas. Sin abrir rinde más y sabe mejor, porque la carne pegada a la espina es la más sabrosa, pero exige separar en el plato. Ya abierto va directo a la sartén y resuelve una cena en diez minutos. Para el corte limpio recomendamos siempre subir de calibre, porque en las unidades pequeñas queda demasiado fino y se rompe al manipularlo.
El gallo llega de la flota gallega que trabaja en Gran Sol. Este pez se captura tanto en el Atlántico como en el mar mediterráneo, y lo tienes disponible los doce meses del año, con más abundancia en marzo y abril. Esa es la época en la que más entra y en la que suele verse mejor de cotización.
Sí, y es lo sensato si no va a pasar por el fuego en los dos primeros días. Márcalo envasado al vacío y mete la bolsa cerrada en el congelador el mismo día. Al sacarlo, veinticuatro horas en el frigorífico antes de llevarlo al fuego, y jamás al aire ni bajo el chorro: el frío lento es lo que salva la textura. La preparación en casa no cambia nada respecto al fresco si respetas ese paso. Si quieres saber qué ha entrado hoy y qué calibre te conviene antes de pedir gallo pescado, escribe a info@galiciamarisco.com y te decimos lo que hay antes de que pagues.