Productos
8,90 € (Precio por Kg)
*Se envía siempre vivo.
ACTUALIZACION 25 ABRIL 2025:
POR DESOVE DEL MEJILLON, DE CARNE ESTA SALIENDO AL 50%.
En junio se espera que se retome normalidad.
Fecha de disponibilidad:
| 20-30 piezas / 1Kg | 8,90 € / Kg |
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Pide el mejillón de las Rías Bajas criado en batea, recogido y enviado sin pasar por cámara: sale vivo hacia tu casa y llega intacto, que es como debe llegar. Es un producto de concha negro azulada, carne jugosa y sabor intenso, muy lejos del que se vende ya hecho en bandeja. Puedes verlo junto al resto del Marisco Online que trabajamos y recorrer todo el catálogo en nuestra Pescadería Online. Los gastos de envío dependen del importe del pedido y se calculan en el carrito antes de pagar.
La unidad de venta es el kilo de mejillones de la ría, que trae entre veinte y treinta piezas según el calibre de la partida. Esa horquilla es normal en un producto natural: unas semanas la pieza viene más gruesa y otras más menuda, y el número por kilo cambia en consecuencia. Para una ración generosa como entrante, medio kilo por persona funciona; si va como plato único, calcula el kilo entero.
Los mejillones vivos llegan dentro de caja isotérmica con acumuladores de frío, sin agua y sin hielo suelto encima. Van secos y a temperatura estable, que es como mejor aguantan el viaje. Al abrir el paquete notarás que están bien cerrados y pesados, con olor a mar y nada más. Ese olor limpio es la primera señal de que el producto está bien.
Lo que compras con este moluscos bivalvos es marisco de temporada larga, disponible todo el año pero con su mejor momento entre septiembre y febrero. En esos meses la pieza está más llena y la carne rinde más al abrirla. En primavera y verano, coincidiendo con el desove, la proporción de carne baja y el bicho pierde algo de cuerpo, aunque sigue siendo perfectamente válido para cualquier receta.
Se crían colgados de cuerdas en las plataformas flotantes de las rías, sobre todo en la de arousa, que concentra la mayor parte de la producción. La pieza pasa meses filtrando agua atlántica y engordando sola, sin pienso ni intervención: es un animal que se alimenta de lo que trae la marea. Esa filtración constante es lo que le da el sabor salino que lo distingue del criado en otras aguas.
El mejillón de galicia tiene fama merecida. La concha es más alargada, la carne más anaranjada y el sabor más concentrado que el de importación, y eso se nota especialmente cuando se abre en la cazuela sin añadidos. Los que servimos vienen de las lonjas de Vigo y salen hacia el cliente el mismo día, sin escalas.
Trabajamos siempre producto fresco y vivo, ni hecho ni congelado. Es una decisión que complica la logística pero que cambia el resultado en la mesa: un molusco que se abre en tu propia olla suelta su jugo y ese jugo es la base de la salsa. Un producto de calidad excelente no necesita nada más que sal y calor.
Un detalle que marca la diferencia al comprarlos: fíjate en que la concha esté entera y en que las piezas suenen macizas al moverlas en la bolsa. Los mejillones frescos de verdad pesan, y ese peso es carne. Cuando alguien dice que le han salido vacíos, casi siempre es porque compró fuera de temporada o porque el producto llevaba días sin frío estable. Aquí no puede pasar porque comprar mejillones en esta ficha significa que salen de la ría hacia tu casa en cuestión de horas.
Conviene entender también qué hace que un ejemplar sea capaz de cerrar con fuerza y otro no. El músculo aductor es el que mantiene las dos mitades unidas, y cuanto más vivo está el animal, más resistencia opone. Por eso el gesto de apretar suavemente la concha es el mejor test casero: si notas que se resiste a abrirse, la pieza está perfecta.
Saber si están en condiciones es la duda más repetida, y tiene una respuesta sencilla. Un ejemplar sano presenta las valvas cerradas o reacciona al tocarlo. Si al recibir el pedido encuentras alguno abierto, prueba a golpearlos suavemente contra el fregadero: el que reacciona está vivo y se puede llevar al fuego sin problema; el que no reacciona debe desecharse.
La segunda comprobación es el olor. Debe oler a mar, limpio y a yodo. Un olor fuerte o amoniacal es señal inequívoca de que la pieza no está bien, igual que un olor desagradable al abrir la bolsa. En un producto que se comercializan vivos, el olfato es el mejor control de calidad que tienes en casa.
Fíjate también en el peso y en las cáscaras: la concha debe ser firme, sin roturas ni astillados, y la pieza debe pesar en la mano. Un ejemplar muy ligero suele estar vacío o muerto de antes. Estas tres comprobaciones, reacción, olor y peso, llevan dos minutos y evitan cualquier disgusto. Si pasan las tres, están listos para la cazuela.
El trabajo previo es más rápido de lo que parece. Primero pásalos bajo agua fría para quitar restos de arena y organismos marinos adheridos a la concha. Después quita las barbas: ese manojo de filamentos que asoma entre las conchas se tira hacia la bisagra de un tirón seco, nunca hacia fuera, porque así no se arrastra la carne. Con un estropajo áspero se rascan los percebillos y la concha queda limpia.
Para limpiarlo por dentro en casa no hace falta gran cosa. Si quieres asegurarte de que suelta cualquier resto de arena, déjalos treinta minutos en agua salada fría, unos treinta gramos de sal por litro, imitando el agua de mar. No remojes en agua dulce del grifo durante horas: el agua sin sal los mata y arruina el sabor. Ese punto es el error más común al preparar mejillones.
Trabajarlos en casa exige poco más que una tabla, un cuchillo pequeño y paciencia de cinco minutos. Lávalos bien justo antes de llevarlos al fuego, no la víspera, porque una vez limpios y sin barbas la pieza aguanta menos. Y no los dejes sumergidos en agua esperando: se ahogan.
Una nota sobre cantidades, que es la duda que más llega por teléfono. Como entrante para picar, medio kilo por comensal cunde de sobra; como plato principal, entre ochocientos gramos y un kilo por persona es la referencia habitual en una mesa gallega. Si el pedido es para hostelería, la cuenta cambia: una ración de tapa ronda los doscientos cincuenta gramos en crudo, así que un pedido de diez kilos da para unas cuarenta raciones aproximadas según el calibre que entre esa semana.
La forma canónica de hacerlos es al vapor. Cazuela ancha con un dedo de agua o de vino, tapa puesta y fuego fuerte: en tres o cuatro minutos empiezan a abrirse. En cuanto la mayoría estén abiertos, fuera del fuego, porque la cocción justa son tres o cuatro minutos y uno de más los deja gomosos. Los mejillones al vapor se sirven en la misma cazuela, con su caldo colado por encima. Es la receta clásica y la que mejor deja apreciar el producto.
Los mejillones a la marinera son el otro clásico. Sofríe cebolla y ajo, añade un poco de salsa de tomate o de pimentón, un chorro de vino blanco, deja evaporar y echa las piezas con la cazuela tapada. Ese estilo admite variantes en cada casa y todas valen. El tiempo es igual de breve: lo que tarden en abrirse.
Una vez cocidos, aguantan bien otras elaboraciones. En escabeche, en vinagreta con pimiento y cebolla picada, en ensalada templada o dentro de un arroz. Para trabajarlos de estas formas conviene abrirlos primero al vapor, separar la carne y reservar el jugo colado, que es oro puro para cualquier salsa. Si sobran, se pueden congelar ya hechos y sin concha; congelarlos crudos no tiene sentido porque mueren y pierden textura.
El pedido funciona igual que el resto del catálogo: eliges cantidad, indicas dirección y el pedido sale en transporte isotermo. Muchos clientes aprovechan el mismo envío para llevarse otras piezas, porque el coste del transporte es el mismo para todo el pedido y así se monta una mesa completa de una vez.
Sobre lo que la gente busca como mejillones precio kilo: la cifra la verás actualizada en la propia ficha, porque depende de la subasta y de la temporada. Lo que no cambia es el criterio de selección ni el origen. Si tienes dudas sobre cantidades para el número de comensales, llama al 986 439 677 y lo calculamos contigo antes de que remates el pedido.
La versatilidad en los fogones es otra de sus bazas. Aguantan el vapor, la parrilla, el horno, el arroz y la sopa sin perder personalidad, y admiten desde el pimentón más rústico hasta un curry suave. En una mesa de picoteo funcionan mejor que casi cualquier otra pieza porque rinden mucho y no requieren cubiertos: se usa una concha vacía como pinza y se va tirando.
Para quien quiera montar una tabla variada, la combinación clásica en Galicia mezcla este molusco con cangrejo, algún crustáceo a la plancha y pan para mojar. No hace falta complicarse: tres o cuatro elaboraciones sencillas lucen más que un solo plato elaborado. Y si sobra caldo, no lo tires: es la base de un arroz al día siguiente.
Sobre cuánto tiempo pueden esperar en casa, la regla es no jugársela. Aunque aguanten dos días bien fríos, cada hora que pasa el animal gasta reservas y pierde algo de carne. Consumirlos el mismo día que llegan es la diferencia entre un bocado lleno y uno correcto sin más.
Sobre el calibre conviene saber una cosa: la pieza grande no siempre es la mejor compra. Las unidades medianas tienen mejor proporción de carne respecto al peso total y se abren de forma más uniforme, algo que importa cuando sirves varias mesas a la vez. La pieza grande luce más en presentación y se paga en cuanto la mesa la ve, pero si el objetivo es rendimiento, el calibre medio gana casi siempre.
Al recibirlo, lo primero es meterlo en el refrigerador. La nevera debe estar entre cero y cinco ºc, y la pieza va en la parte baja, que es la más fría. Colócalos en un bol amplio y tápalos con un paño húmedo: necesitan respirar y mantenerse frescos a la vez. Nunca en un recipiente hermético ni en una bolsa sellada, porque un envase sin aire los asfixia en pocas horas.
En esas condiciones, una pieza como esta aguanta entre 24 y 48 horas en buen estado. Consumir mejillones el mismo día que llegan es siempre lo mejor, y por eso el momento de cocinarlos debe llegar cuanto antes: cocinarlos lo antes posible es la única regla que importa. Si no vas a poder, guárdalos como se ha explicado y consúmelos al día siguiente sin más demora. Cocínalos en cuanto tengas ocasión y no estires el plazo.
Un apunte sobre conservarlos: no los dejes en un lugar fresco de la casa pensando que basta. Este bivalvo, como cualquier molusco de concha, necesita frío constante. La diferencia entre una pieza que llega perfecta y una que se estropea suele estar en las horas que pasa fuera de la nevera esperando su turno. Nada de meterlos nunca en agua dulce, ni siquiera un rato.
Y una recomendación de planificación: haz el pedido para que llegue el día anterior al consumo, no dos o tres jornadas antes. No es que no aguante, es que el animal pierde reservas cada hora que pasa fuera del agua y la diferencia se nota en el sabor. Quien organiza una comida el sábado debería recibirlo el viernes; quien abastece un local, escalonar dos entregas pequeñas antes que una grande. Es la diferencia entre servir producto en su mejor momento y servirlo simplemente correcto, y en una carta corta esa distancia se nota en la repetición del cliente.
Es lo normal en cualquier partida y no significa que estuvieran malos. Un ejemplar que no abre simplemente tenía el músculo más fuerte o murió durante el proceso de calor. La norma es sencilla: el que no abre, se tira. Nunca lo fuerces con un cuchillo para comértelo, porque no compensa el riesgo.
Sí. Una vez abiertos con el calor, sepáralos de la concha, deja la carne cubierta con su propio jugo colado y consúmela en 48 horas. Así aguanta perfectamente en la nevera y sirve para una ensalada, un arroz o un escabeche rápido. Es la mejor forma de aprovechar si has pedido más cantidad de la que puedes comer de una vez.
Retíralo y sigue con el resto. En un producto de concha viajando por carretera es habitual que alguna pieza llegue con la concha partida; esa se descarta y ya está. Si te encuentras con que una parte importante del pedido viene rota o abierta, avísanos el mismo día con una foto y lo resolvemos sin discusión.
No es lo habitual ni lo recomendable. A diferencia de la almeja fina o de las ostras, que sí se toman crudas, este molusco se consume siempre pasado por el fuego. Al ser un filtrador que trabaja en aguas costeras, el calor es la garantía sanitaria que conviene no saltarse. Basta con que se abran.
Medio kilo por persona si van como entrante junto a otras cosas; un kilo por cabeza si son el plato central. Para una paella o un arroz, con medio kilo para cuatro personas tienes de sobra, porque ahí funcionan como aporte de sabor más que como ración. Ten en cuenta que la concha pesa: de un kilo bruto sale aproximadamente un tercio de carne limpia.
Sí, y sobre todo en dos cosas: en la cantidad de carne que llena la concha y en el sabor superior del jugo que sueltan al abrirse. Un ejemplar recién sacado de la cuerda da un caldo denso y sabroso que es la base de la receta; el que lleva días en cámara suelta agua y poco más. La diferencia se nota más sin salsas que enmascaren nada.